La ropa de los habitantes del reino está diseñada integralmente con la arquitectura.La vestimenta como construcción móvil nada deja librado al azar: el aro de la princesa contrarresta alguna cúpula real y el zapato del hechicero equilibra alguna piedra de las torres. Lo mismo pasa con el sonido, que se considera como una parte indispensable de las construcciones. Un lugar bullicioso como la estación de trenes tendrá una edificación austera y un lugar sobrecargado como el barrio de los hechiceros será más silencioso. Claro que el equilibrio no se establece nunca de manera simétrica, salvo en el desierto donde el viento es ensordecedor.

